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Renderizado del registro arqueológico a partir del modelo fotogramétrico (El Cortijo de Bergasa, 2015)

 

Corren tiempos en los que la formación reglada en Arqueología parece estar bastante incompleta. Me refiero a los grados y postgrados, en los que, por lo que veo, las prácticas de campo para el alumnado suelen ser bastante breves o se quedan cortas. Pero es curioso también observar cómo entre las asignaturas impartidas por las facultades que forman a los futuros arqueólogos, casi ninguna hace referencia a las Nuevas Tecnologías. Y por lo que sé, cuando incluyen algo así, la mayoría de las veces hablan de SIG (Sistema de Información Geográfica), que por supuesto, es una estupenda herramienta, aunque en mi opinión, existen otros procedimientos más útiles de cara a la documentación en primera línea de fuego, es decir, en el trabajo de campo a pie de excavación. Los beneficios del SIG son otros, muy relacionados con la Arqueología Espacial, la interpretación de datos procesados y el análisis a mayor escala.

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Ortofotos georreferenciadas extraídas de modelos fotogramétricos (El Cortijo de Bergasa, 2015)

Para la documentación y digitalización en una excavación arqueológica veo mucho más necesaria la formación en Fotogrametría o Topografía, ya que actualmente son tecnologías muy accesibles y nada privativas. Estoy hablando de incluir algunos créditos que sirvan para tener un conocimiento, si no especializado, por lo menos intermedio en el manejo de dichas técnicas. Da la casualidad de que en el caso de la Fotogrametría no es algo tan “nuevo” en el mundo de la Arqueología, puesto que se ha ido incrementando su uso desde el cambio de siglo con la aparición de software comercial (por ejemplo, Photomodeler, lanzado en 1999). Es decir, los diseñadores de grados y postgrados en Arqueología ya han tenido tiempo más que suficiente para ver la utilidad y precisión del escaneado a partir de imágenes digitales, tanto más cuanto en proyectos de investigación de sus propios departamentos se usa con relativa cotidianeidad. Es hora de implantarlo en los planes de estudio si queremos seguir haciendo gala de ser tan científicos como creemos. No queréis más precisión… pues ahí la tenéis, tomadla y reducir el error hasta niveles subcentimétricos, dejad de lado esos amplios errores “asumibles”.

Cuidado, porque una vez metidos en faena con la tecnología, cabe la tentación de pensar: “Eh… si no hace falta saber dibujar… a tomar por saco el papel milimetrado y el dolor de cervicales”. Craso error. Siempre defiendo que es muy necesaria la formación en dibujo arqueológico manual, tanto del registro como de piezas. En primer lugar, porque me parece imprescindible para desarrollar capacidades cognitivas espaciales y, en segundo lugar, porque si queremos acudir a consultar documentación gráfica anterior, nos la vamos a encontrar en papel, o a lo sumo, digitalizada mediante escáner o trasladada a vectores.

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Dibujo de piezas cerámicas de cronología calcolítica – Realizado por Marta Cuesta Salceda

Sin embargo, muchos profesionales se han dado cuenta del potencial de las no tan Nuevas Tecnologías y abogan por la formación de los futuros profesionales dedicados al Patrimonio. Menos mal que empezamos a ver algún máster dedicado al tema (como el de la Universidad de Alicante), sucesor natural de cursos de especialización, junto a talleres, formación online y en definitiva, educación en la cultura digital, hasta ahora fuera de las estructuras curriculares universitarias (en lo que  Arqueología se refiere), por lo que debían ser realizados desde las fundaciones o a través de iniciativas privadas.

Una muestra de esto último es el Curso de Fotogrametría aplicada a la Arqueología que tuvimos el honor de impartir a los alumnos de un campo de trabajo organizado por la Fundación Universidad de La Rioja, el Ayuntamiento de Bergasa y Labrys Arqueología, cuya directora, Pilar Iguácel de la Cruz, confió en nosotros para introducir a sus integrantes en la documentación fotogramétrica y topográfica al final de la campaña de excavación. Sobre todo hicimos hincapié en la generación de modelos tridimensionales con software libre (PPT y Meshlab) y pudimos digitalizar los restos hallados durante las temporadas de 2014 y 2015. Para la parte de topografía no tuvimos tanto tiempo, así que nos centramos en la toma de puntos que nos sirvieran para georreferenciar con precisión nuestros modelos fotogramétricos.  El resultado fue una experiencia muy satisfactoria. Además de transmitir al alumnado los conocimientos necesarios para comenzar a documentar con estas técnicas, el trabajo de dos campañas en el yacimiento celtibérico de “El Cortijo de Bergasa” quedó digitalizado en tres dimensiones. Las labores de georreferenciación fueron completadas mediante la utilización de los datos MDT, LIDAR e imágenes ráster descargables desde la página del IGN para su uso en análisis geoespacial y en un pequeño vuelo virtual, renderizado en Blender, que os dejamos a continuación:

 

 

4 Responses to FORMACIÓN Y DIGITALIZACIÓN EN ARQUEOLOGÍA: “EL CORTIJO DE BERGASA”
  1. Ayyyy… los grados en arqueología, tan bonitos en la teoría, igual de regularmente formados para la práctica como en aquellas Licenciaturas de Historia, aquellas que antaño eran nuestra única opción para estudiar lo que tanto nos gustaba, y todos tan inútiles para enfrentarte a la realidad del mundo laboral. Un mundo laboral tan pequeño para tanto graduado en arqueología que no se que va a ser de ellos. Como siempre en este país formaremos, gastaremos dinero y tendrán que terminar por irse fuera, porque aquí se vive en el máximo desamparo y la máxima precariedad. Podremos formar, pero necesitamos también que no se nos anule, invisibilice o demonice, que nos permitan crear empleo.

    • Miguel Fernández Díaz

      Creo que una de las claves en la creación de empleo en nuestro campo, y coincido aquí con muchos colegas de profesión, es la especialización: especialista en difusión, en formación, nuevas tecnologías, en la gestión de recursos museísticos, etcétera… De ahí que el alumnado por lo menos necesite una introducción en estos campos, no sólo recibir clases encaminadas al mundo de la investigación. Hay que ser un poco más pragmáticos.

      • Si, si en eso estoy de acuerdo, hay que formarse, hay que ser prácticos y todo eso, pero o se hace desde que empiezas a estudiar, o la gente no puede estar sin trabajar y formándose una vez terminados los estudios, lo primero porque para formarse hay que pagarse los cursos, cosa que el voluntariado no permite, por si alguien no se ha dado cuenta. Y el problema de la temprana y excesiva especialización, es que te limitas demasiado el campo de trabajo y ocurre como con los animales muy especializados, al mínimo cambio, desapareces. Solución, encontrar el equilibrio justo entre teoría y práctica diversificada en los grados, así como posibilidades de trabajo a posteriori, vamos un mundo ideal lejos de lo que este país ofrece a día de hoy.


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